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Requisitos Para el Servicio Cristiano Eficaz por Ellen G. White (un extracto del Servicio Cristiano,capitulo 24)

Eficiencia

 El descuido y la ineficiencia no son piedad. Cuando nos damos cuenta de que estamos trabajando para Dios, debemos tener un sentido más alto que el que jamás hayamos tenido del carácter sagrado del servicio espiritual. Esta comprensión pondrá vida y vigilancia y energía perseverante en el desempeño de todo deber.

La cultura del habla

 La debida cultura y el uso de la facultad del habla es parte de todo ramo de servicio cristiano… Hemos de acostumbrarnos a hablar en tonos agradables, a usar un lenguaje puro y correcto, y palabras bondadosas y córtese.

Todo ministerio y todo maestro deben recordar que esta dando a la gente un mensaje que encierra interés eterno. La verdad que prediquen los juzgara en el gran día de ajuste final de cuentas. Y en el caso de algunas almas, el modo en que se presente el mensaje, determinara su recepción o rechazamiento. Entonces, háblese la palabra de tal manera que despierte el entendimiento e impresione el corazón. Lenta, distinta y solemnemente debiera hablarse la palabra, y con todo el fervor que su importancia requiere.

Cultura mental

No debemos entrar al azar en la obra del Señor y esperar éxito. El Señor necesita hombres de intelecto, hombres de reelección. Jesús pide colaboradores, no personas que siempre cometan errores. Dios necesita hombres inteligentes, que piensen correctamente, a fin de hacer la gran obra necesaria para salvación de las almas.

Los hombres que ocupan puestos de responsabilidad deben progresar continuamente. No deben aferrarse a los métodos antiguos y creer que no es necesario convertirse en obreros que empleen métodos científicos. Aunque cuando viene al mundo el hombre es el mas importante de los seres que ha creado Dios, y es el mas perverso por naturaleza, es capaz, sin embargo, de progresar constantemente. Puede ser ilustrado por la ciencia, ennoblecido por la virtud, y puede progresar en dignidad mental y moral, hasta alcanzar una perfección de la inteligencia y una pureza de carácter tan solo un poco inferiores a la perfección y pureza de los ángeles.

La dignidad y cortesía cristianas

 Cercioraos de que mantenéis la dignidad de la obra por medio de una vida bien ordenada y una conversión piadosa. No temáis jamás elevar demasiado la norma… Toda aspereza y rudeza debiera desaparecer de nosotros. Han de practicarse la cultura, el refinamiento y la cortesía cristiana. Guardaos de ser bruscos y descorteses. Ho consideréis tales peculiaridades como virtudes; porque Dios no las tiene por tales. Esforzaos por no ofender a nadie innecesariamente.

Sinceridad

Pueden que haya hombres que tengan excelentes dones, mucha capacidad, esplendidas cualidades; pero un defecto, un solo pecado albergado, ocasionara completo desastre y una ruina absoluta.

Las oraciones, la exhortación y la conversación son frutos de poco precio, y frecuentemente se presentan juntos; pero los frutos de que se manifiestan en buenas obras, en cuidar de los necesitados, los huérfanos, las viudas, son los verdaderos y los produce naturalmente un buen árbol.

Agresividad

Dios no obra milagros, por lo común, para el avance de su verdad. Si el labrador descuida el cultivo del terreno, Dios no obra milagros para contrarrestar los resultados seguros. El obra de acuerdo con los grandes principios que se nos han revelado, y es nuestra parte hacer planes sabio y poner en operación los medios para los cuales Dios producirá ciertos resultados. Los que no hacen esfuerzos decididos, son que simplemente esperan que el Espíritu Santo los fuerce a obra, perecerán en las tinieblas. No habéis de sentaros tranquilamente y permanecer ociosos en la obra de Dios.

Dios no tiene lugar en su causa para los perezosos. El desea hombres previsores, amables, afectuosos y fervientes.

Determinación

Los que sirven a Dios deben manifestar animación y firmeza en la obra de salvar almas. Recordemos que hay quienes perecerán a menos que nosotros, como instrumentos de Dios, obremos con resolución inquebrantables.

Celos

Lo que se necesita es ferviente celo cristiano, un celo que se manifiesta en obras… Mas fácil es impedir que las aguas del Niagara se despenen por las cataratas, que impedir a un alma poseedora de Cristo que lo confiese.

Todo aquel que acepta a Cristo como a su Salvador personal deseara con ansias tener el privilegio de servir a Dios. Al considerar lo que el cielo ha hecho por el, su corazón se sentirá conmovido d e amor sin limites y de agradecida adoración. Ansiara manifestar su agradecimiento, dedicando sus capacidades al servicio de Dios. Anhelara demostrar su amor por Cristo y por los hombres que Cristo compro. Deseara pasar por pruebas, penalidades y sacrificios.

Paciencia

Para ser colaboradores con Jesús, habéis de tener mucha paciencia con las personas por quienes trabajáis, no menospreciando la sencillez de la obra, sino considerando los benditos resultados. Cuando aquellos por quienes trabajáis no se avienen exactamente a vuestros pensamientos, a menudo decís en vuestro corazón: “No me preocupare mas por ello no son dignos de ser salvos”. ¿Que hubiera sido si Cristo hubiera tratado a los pobres parias de una manera similar? El murió para salvar a miserables pecadores, y si obráis con el mismo espíritu y de la misma manera indicada por el ejemplo de Aquel a quien seguís, confiando en Dios por los resultados, jamás en esta vida podréis medir la suma de bien que habréis efectuado.

Trabajad desinteresada, amante y pacientemente por todos aquellos con quienes os relacionáis. No mostréis impaciencia. No profiráis ni una palabra que no sea amable. Permitid que el amor de Cristo habite en vuestros corazones, la ley de bondad en vuestros labios.

Tacto

En la obra de ganar almas, se necesita mucho tacto y sabiduría. El Salvador no suprimió nunca la verdad, sino que la declaro siempre con amor. En su trato con los demás, el manifestaba el mayor tacto, y era siempre bondadoso y reflexivo. Nuca fue rudo, nuca dijo sin necesidad una palabra severa, nunca causo pena innecesaria a una alma sensible. No censuro la debilidad humana. Denuncio sin reparos la hipocresía, la incredulidad e iniquidad, pero habían lagrimas en su voz cuando pronunciaba sus penetrares represiones. Nunca hizo cruel la verdad, sino que manifestó siempre profunda ternura hacia la humanidad. Cada alma era preciosa a su vista. Se portaba con divina dignidad y se inclinaba con la más tierna compasión y consideración sobre cada miembro de la familia de Dios. En todos veía almas que era su misión salvar.

Constancia

El verdadero cristiano trabaja para Dios, no por impulso, sino por principio; no un dia ni un mes, sino durante toda su vida.

El Salvador era un obrero incansable. No media su trabajo por horas. Su tiempo, su corazón su fuerza, estaban dedicados a trabajar para el provecho de la humanidad. Dedicaba sus días por entero al trabajo y pasaba noches enteras en oración, a fin de poder adquirir vigor para hacer frente al astuto enemigo en toda su obra engañosa, y obtener fortaleza para la obra de elevación y restauración de la humanidad. El hombre que ama a Dios no mide su obra por el sistema de ocho horas. Trabaja a toda hora, sin apartarse de su deber. Y cada vez que se le presenta la oportunidad, obra el bien. Por tosas partes, en cualquier ocasión y en todo lugar, halla oportunidades de trabajar para Dios. Lleva fragancia consigo y la esparce dondequiera que vaya.

 Simpatía y sociabilidad

Necesitamos manifestar mas simpatía de la clase que sintió Cristo; no meramente simpatía por aquellos que nos parecen sin falta, sino para con las pobres almas que sufren y luchan, que son a menudo sorprendidas en faltas, pecan y se arrepienten, son tentadas y se desalientan. Debemos ir a nuestros semejantes conmovidos, como nuestro misericordioso Sumo sacerdote, por el sentimiento de sus flaquezas.

Como pueblo, perdemos mucho por falta de simpatía y sociabilidad unos con otros. El que habla de independencia y se encierra en si mismo no esta ocupando el puesto que Dios le destino. Somos hijos de Dios y dependemos mutuamente unos de otros para nuestra felicidad. Sobre nosotros pesan los derechos de Dios y de la humanidad. Debemos desempeñar todos nuestra parte en esta vida. El debido cultivo de los elementos sociales de nuestra naturaleza es lo que nos hace simpatizar con nuestros hermanos y nos proporciona felicidad en nuestros esfuerzos por beneficiar a otros.

Sencillez

Millares de personas pueden ser alcanzadas en la forma mas sencilla y humilde. Los intelectuales, aquellos que son considerados como los hombres y las mujeres mejor dotados, son frecuentemente refrigerados por las palabras sencillas de alguien que ama a Dios, y que puede hablar se ese amor tan naturalmente como los mundanos habla de las cosas que mas les interesan. A menudo las palabras bien preparadas y estudiadas no tienen sino poca influencia. Pero las palabras llenas de verdad y sincerad con que se expresa un hijo o una hija de Dios, habladas con sencillez natural, tienen poder para desatrancar la puerta de los corazones que por largo tiempo ha estado cerrada contra Cristo y su amor.

Fe

A menudo la vida cristiana esta acosada de peligros, y se hace difícil cumplir el deber. La imaginación concibe la ruina inminente delante, y la esclavitud o la muerte detrás. No obstante, al voz de Dios dice claramente: “Avanza” Debemos obedecer este mandato aunque nuestros ojos no puedan penetrar las tinieblas, y aunque sintamos las olas frías a nuestros pies. Los obstáculos que impiden nuestro progreso no desaparecerán jamás ante un espíritu que se detiene y duda. Los que postergan la obediencia hasta que toda sombra de incertidumbre desaparezca y no hay ningún riesgo de fracaso o derrota no obedecerán nunca. La incredulidad nos susurra: “Esperemos que se quiten los obstáculos y podamos ver claramente nuestro camino”; pero la fe nos impele valientes a avanzar esperándolo todo y creyéndolo todo.

Valor

Cuando por fe nos aferramos a su fortaleza, él cambiara, cambiara milagrosamente las perspectivas mas desanimadotas y sin esperanza. Lo hará por la gloria de su nombre. Dios exhorta a sus fieles, a los que creen en él, a que infundan valor a los incrédulos y desesperanzados. Quiera el Señor ayudarnos a socorrer a otros y a probarlo por una fe viva.

Deben poseer valor, energía y perseverancia. Aunque imposibilidades aparentes obstruyan su camino, por su gracia deben avanzar. En vez de deplorar las dificultades, están llamados a vencerlas. No han de desesperar por nada, sino estar de buen ánimo en toda ocasión. Con la áurea cadena de su amor sin par, Cristo los ha ligado al trono de Dios. Es propósito suyo que la mas elevada influencia del universo, que dimana de la Fuente de todo poder, sea suya. Han de tener poder para resistir al mal, un poder de ni la tierra, ni la muerte, ni el infierno puedan dominar, un poder que los habilite para vencer como venció Cristo.

 Consagración

La verdadera santidad es integridad en el servicio de Dios. Esta es la condición de la verdadera vida cristiana. Cristo pide una consagración sin reserva, un servicio indiviso. Pide el corazón, la mente, el alma, las fuerzas. No debe agradarse al yo. El que vive para si no es cristiano.

Lo primero que deben aprender todos los que quieran trabajar con Dios, es la lección de desconfianza en si mismos; entonces estarán preparados para que se les imparta el carácter de Cristo. Este no se obtiene por la educación en las escuelas más científicas. Es fruto de la sabiduría que se obtiene únicamente del Maestro divino.

 Entrega cabal del corazón

Los hijos de Dios han de distinguirse como un pueblo que le sirva completamente y de todo corazón, sin buscar el propio honor, y recordando que por un pacto solemne se han comprometido a servir al Señor, y solo a él.

Nadie puede tener éxito en el servicio de Dios a menos que todo su corazón este en la obra, y tenga todas las cosas por perdidas frente a la excelencia del conocimiento de Cristo. Nadie que haga reserva alguna puede ser discípulo de Cristo, y mucho menos puede ser su colaborador.

Lealtad

El Señor aborrece la indiferencia y la deslealtad en tiempo de crisis para su obra. Todo el universo contempla con iteres indecible las escenas finales de la gran controversia entre el bien y el mal. Los hijos de Dios se están acercando a las fronteras del mundo entero; ¿que podría resultar de mas importancia para ellos que el ser leales al Dios del cielo? A través de los siglos, Dios ha tenido héroes morales; y los tiene ahora en aquellos que como José, Elías y Daniel, no se avergüenzan de reconocerse como su pueblo particular.:a bendición especial de Dios acompaña las labores de los hombres de acción que no se dejan desviar de la línea recta ni del deber, sino que con energía divina preguntan: ¿ Quien es de Jehová? Son hombres que no se conforman con hacer la pregunta, sino que piden a quienes decidan identificarse con el pueblo de Dios que se adelanten y revelen inequivocadamente su fidelidad al Rey de reyes y Señor de señores. Tales hombres subordinan su voluntad y sus planes a la ley de Dios. Por amor hacia el no consideran preciosa su vida. Su obra consiste en recibir la luz de la Palabra y dejarla resplandecer sobre el mundo en rayos claros y constantes. Su lema es ser fieles a Dios.

Destreza

El Señor requiere que sus siervos abriguen un espíritu pronto para comprender el valor de las almas, pronto para discernir los deberes que han de efectuarse, pronto para responder a las obligaciones que el Señor les haya encomendado.

La diligencia en cumplir el deber señalado por Dios es una parte importante de la religión verdadera. Los hombres deben valerse de las circunstancias como de los instrumentos de Dios con que se cumplirá su voluntad. Una acción pronta y decisiva en el momento apropiado obtendrá gloriosos triunfos, mientras que la dilación y la negligencia resultaran en fracaso y deshonraran a Dios.

Mantened normas elevadas

Muchos de los que están calificados para hacer una obra excelente hacen poco porque solo intentan poco. Millares son los que pasan por la vida como si no tuviesen ningún objeto por el cual vivir, ninguna elevada norma que alcanzar. Una razón de ello es la baja estima en que se tienen. Cristo pago un precio infinito por nosotros, y desea que nos valoremos de acuerdo con el precio que el pago.

Tengo un mensaje para nuestros ministros, médicos, maestros y todos los que están ocupados en cualquier ramo de servicio para el Maestro. El Señor os insta a ascender, a alcanzar una norma más santa. Debéis poseer una experiencia mas profunda de lo que habéis pensado tener. Muchos de los que ya son miembros de la gran familia de Dios conocen muy poco de lo que significa contemplar su gloria y ser transformados de gloria en gloria. Muchos de vosotros tenéis una débil percepción de la excelencia de Cristo, y vuestras almas se estremecen de gozo. Anheláis un conocimiento mas pleno y profundo del amor del Salvador. No estáis satisfechos. Pero no desesperéis. Dad a Jesús los mejores y más santos afectos del corazón. Atesorad todo rayo de luz. Acariciad todo seseo del alma en pos de Dios. Entregaos al cultivo de pensamientos espirituales y comunión santa. Habéis visto solo los primeros rayos del amanecer de su gloria. Mientras perseveréis en conocer al Señor, sabréis que su salida esta preparada como la mañana. La senda de los justos es como luz de aurora, que va en aumento hasta que el dia es perfecto”. Habiéndonos arrepentido de nuestros pecados, habiéndolos confesado y hallado el perdón, hemos de continuar aprendiendo de Cristo, hasta que lleguemos al perfecto apogeo de una perfecta fe evangélica.

Prudencia y previsión

Mientras Nehemias imploraba la ayuda de Dios, no se cruzo de brazos, pensando que no tenia mas responsabilidad en el cumplimiento de su propósito de restaurara a Jerusalén. Con admirable prudencia y previsión, procedió a tomar todas las providencias necesarias para asegurar el éxito de la empresa. Cada movimiento se caracterizaba por una gran cautela.

El ejemplo de este santo hombre ( Nehemias) debiera ser una lección para todos los hijos de Dios, a fin de que no solo oren ellos con fe, sino que trabajen también con diligencia y fidelidad. Cuantas dificultades encontramos, cuan a menudo impedimos que la Providencia obre en nuestro favor, debido a que se considera que la prudencia, la previsión y el esmero tienen poco que ver con la religión! Es esta una gran equivocación. Es deber nuestro cultivar y ejercitar toda facultad que nos haría más eficientes obreros para Dios. La consideración cuidadosa y los planes bien pensados, son tan esenciales para el éxito de las empresas sagradas hoy en día como en el tiempo de Nehemias.

Como contrarrestar el desaliento

Los siervos del Señor han de contar con tener que hacer frente a toda clase de desalientos. Serán probados, no solo por la ira, el menosprecio y la crueldad de los enemigos, sino también por la indolencia, la inconsecuencia. La tibieza y la traición de amigos y ayudantes… Aun algunos de los que parezcan desear que la obra de Dios prospere, debilitaran las manos de sus siervos oyendo, llamando y creyendo a medias las calumnias, jactancias y amenazas de sus adversarios… En medio de grandes desalientos, Nehemias confió en Dios; y en el esta también nuestra defensa. El recuerdo de lo que Dios ha hecho por nosotros resultara un apoyo en todo peligro. “ El que aun a su propio Hijo no perdono, antes le entrego por todos nosotros, como no nos dará también con el todas las cosas?” Y “ si Dios esta por nosotros quien puede estar contra nosotros?” Por astutos que sean los planes de Satanás y sus agentes, Dios puede descubrirlos y anular todos sus consejos.

Los que destacándose en el frente del conflicto, se ven impelidos por el Espíritu de Dios a hacer una obra especial, experimentaran con frecuencia una reacción cuando cese la presión. El abatimiento puede hacer vacilar la fe más heroica y debilitar la voluntad mas firme. Pero Dios comprende, y sigue manifestando compasión y amor. Lee los motivos y los propósitos del corazón. Aguardar con paciencia, confiar cuando todo parece sobrio, es la lección que necesitan aprender los dirigentes de la obra de Dios. El cielo no los desamparara en el día de su adversidad. No hay nada que parezca más importante que el alma que siente su insignificancia y confía plenamente en Dios, y en realidad no hay nada que sea más invencible.

Benevolencia

Un espíritu bondadoso y un trato benigno y persuasivo, pueden salvar a los perdidos y cubrir multitud de pecados. La revelación de Cristo en vuestro propio carácter tendrá un poder transformador sobre aquellos con quienes os asociéis. Dejad que Cristo se manifieste diariamente en vosotros, y el revelara en vosotros la energía creadora de su palabra, una influencia amable, persuasiva, y a la vez poderosa para restaurar en otras almas la perfección del Señor nuestro Dios.

Imparcialidad

Cuando te apartas de los que no parecen promisorios ni atractivos, te das cuenta de que estas descuidando las almas que esta buscando Cristo? En el preciso momento en que te apartas de ellos, quizá es cuando necesiten más de tu compasión. En cada reunión de culto, hay almas que anhelan descanso y paz. Quizá parezca que viven vidas descuidadas, paro no son insensibles a la influencia del Espíritu Santo. Muchas de ellas pueden ser ganadas para Cristo.

Honradez, fidelidad, laboriosidad

Cuando han de confiarse responsabilidades a un individuo, no se pregunte si es elocuente o rico, sino si es honrado, fiel y laborioso; porque sean cuales fueren los conocimientos que posea, sin estas últimas calificaciones resultara totalmente inapto para cualquier puesto de responsabilidad.

Abnegación

El motivo que nos impulsa a trabajar para Dios no debe tener nada que se asemeje al egoísmo. La devoción abnegada y un espíritu de sacrificio han sido siempre y seguirán siendo el primer requisito de servicio aceptable. Nuestro Señor y Maestro quiere que no haya una sola fibra de egoísmo entretejida con su obra. Debemos dedicar a nuestros esfuerzos el tacto y la habilidad, la exactitud y la sabiduría, que el Dios de perfección exigió de los constructores del tabernáculo terrenal; y sin embargo en todas nuestras labores debemos recordar que los mayores talentos o los servicio mas brillantes son aceptables tan solo cuando el yo se coloca sobre el altar, como un holocausto vivo.

Dejad de acongojaros

Las cosas irán mal por causa de los obreros no consagrados. Podéis derramar lagrimas por el resultado de esto; pero no os acongojéis. El bendito Maestro tiene toda su obra de un extremo a otro, bajo su dominante vigilancia. Todo lo que el pide es que los obreros acudan a el para recibir sus ordenes y obedezcan sus instrucciones. Todo --nuestras iglesias, nuestras misiones, nuestras escuelas sabáticas, nuestras instituciones-- pesa sobre su divino corazón. Por que, pues, acongojarse? El intenso anhelo de ver que la iglesia sea una luz viva y resplandeciente, como Dios se ha propuesto que sea, debe ser te4mplado por una completa confianza en Dios.

Cultiva la tranquilidad y confía el cuidado de vuestras almas a dios como a un fiel Creador. El guardara aquello que ha sido confiado a su cuidado. No se agrada en que cubramos su altar de lágrimas y quejas. Tenéis ya bastante por lo cual alabar a Dios, si no veis otra alma convertida. Pero la buena obra continuara solo si seguís adelante, y no tratáis de ajustar cada cosa a vuestras ideas. Dejad que la paz de Dios rija vuestros corazones, y estad agradecidos. Dad al Señor lugar donde trabajar. No le obstaculicéis el camino. El puede obrar y obrara si se lo permitimos.

 Presentad las credenciales divinas

Dios puede emplear a cada uno en la medida en que le es posible derramar su Espíritu en el templo de su alma. El trabajo que el acepta es el que refleja su imagen. Sus discípulos deben llevar, como credenciales para el mundo, las características indelebles de sus principios inmortales.

El nombre de Cristo había de ser su consigna, su divisa distintiva, su vínculo de unión, la autoridad para su curso de acción y la fuente de su éxito. Nada que no llevara su nombre y su inscripción había de ser reconocido en su reino.

Sed fieles soldados

Los siervos de Dios deben ser como milicianos, siempre dispuestos a avanzar tan pronto como su providencia les abra el camino. Cualquier tardanza que haya de su parte da tiempo a que Satanás obre para derrotarlos.

Los que son verdaderamente representantes de Cristo trabajan para el bien de los demás. Se deleitan en hacer progresar la causa de Dios tanto en su país como en el extranjero. Se los ve y se los oye, y su influencia se siente en la reunión de oración. Trataran de suplir el lugar del ministro cuyas labores no pueden tener. No tratan de exaltar el yo, o de recibir crédito como quien aparenta estar haciendo una gran obra, sino de trabajar humilde, mansa y fielmente, haciendo pequeñas diligencias o realizando una gran tarea, si es necesario, porque Cristo ha hecho tanto por ellos.

Valiente y veraz

Lo que la iglesia necesita en estos días de peligro es un ejercito de obreros que, como Pablo, se hayan educado para ser útiles, tengan una experiencia profunda en las cosas de Dios y estén llenos de fervor y celo. Renecesitan hombres santificados y abnegados; hombres que no esquiven las pruebas y la responsabilidad; hombres valientes y veraces; hombres en cuyos corazones Cristo constituya la “esperanza de gloria”, y quien, con los labios tocados por el fuego santo, prediquen la Palabra. Por carecer de tales obreros la causa de Dios languidece, y errores fatales, cual veneno mortífero, corrompen la moral y agotan las esperanzas de una gran parte de la raza humana.

Dios no puede usar hombres que, en tiempo de peligro, cuando se necesita la fortaleza, el valor y la influencia de todos, temen decidirse firmemente por lo recto. Llama a los hombres que pelearan fielmente contra lo malo, contra principados y potestades, contra la impiedad espiritual de los encumbrados. Al os tales dirigirá las palabras: Bien buen siervo y fiel”.

Cuidado pastoral

El pastor que descubre que falta una de sus ovejas, no mira descuidadamente el rebano que esta seguro y dice: “Tengo noventa y nueve, y me seria una molería demasiado grande ir en busca de la extraviada. Que regrese, y yo abriré la puerta del redil y la dejare entrar.” No tan pronto como se extravía la oveja, el pastor se llena de pesar y ansiedad. Cuenta y recuenta el rebano, y no dormita cuando descubre que se ha perdido una oveja. Deja las noventa y nueve dentro del aprisco y va en busca de la perdida. Cuando mas oscura y tempestuosa es la noche, y mas peligros el camino, tanto mayor es la ansiedad del pastor y mas ferviente su búsqueda. Hace todos los esfuerzos posibles por encontrar esa sola oveja perdida.

Con cuanto alivio siente a la distancia su primer débil balido! Siguiendo el sonido trepa por las alturas mas empinadas, y va al mismo borde del precipicio con riesgo de su propia vida. Así la busca, mientras el balido, cada vez mas débil, le indica que la oveja esta por morir. Al fin es recompensado su esfuerzo; encuentra la perdida. Entonces no la reprende porque le ha causado tanta molestia. No la arrea con un látigo. Ni aun intenta conducirla al redil. En su gozo pone la temblorosa criatura sobre sus hombros; si esta magullada y herida, la toma en sus brazos, la aprieta contra su pecho para que le de vida el calor de su corazón. Agradecido porque su búsqueda no ha sido vana, la lleva de vuelta al redil.

Humildad

Al escoger a hombres y mujeres para su servicio Dios no averigua si poseen erudición, elocuencia o riqueza mundanal. Pregunta mas bien: “¿Andan ellos con tal humildad que yo pueda enseñarles mi camino? ¿Puedo poner mis palabras en sus labios? ¿Me representarán? “.

Todo el cielo esta interesado en esta obra que los mensajeros de Dios están llevando a cabo en el mundo, en el nombre de Jesús de Nazaret. Es esta una gran obra, hermanos y hermanas, y hemos de humillarnos diariamente delante de Dios y no pensar que nuestra sabiduría es perfecta. Debemos echar mano de la obra con fervor. No hemos de orar a Dios que nos humille, porque cuando el tome posesión de nosotros, nos humillara de un modo que no nos gustara. Pero hemos de humillarnos nosotros mismos día tras día bajo la poderosa mano de Dios. Hemos de obrar nuestra propia salvación con temor y temblor. Aunque Dios es quien obra en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad, nosotros hemos de cooperar con el mientras el obra por medio nuestro.

Templados

Ojala que todo hijo de Dios sintiera la impresión de la necesidad que hay de ser templado en el comer, en el vestir, y en el trabajo. A fin de que pudiera hacer mejor obra para la causa de Dios. Cuando el obrero ha estado bajo la presión del trabajo y los cuidados, y esta cansado mental y físicamente, ha de volverse y descanar por un tiempo, no por mera complacencia propia, sino para que pueda prepararse mejor para los deberes futuros. Tenemos un enemigo vigilante, que esta siempre tras nuestras huellas para sacar ventaja de cada debilidad y hacer así que sus tentaciones sean eficaces para el mal. Cuando la mente se ha esforzado demasiado y el cuerpo esta debilitado, el lo aprovecha y abruma el alma con sus mas fieras tentaciones, hasta causar la ruina del hijo de Dios. Economice el obrero de Dios cuidadosamente sus fuerzas; y cuando se halle fatigado por las tareas que descansan sobre el, apártese, descanse y tenga comunión con Jesús.

Reposo y reflexión

Los discípulos de Jesús necesitaron que se les enseñará a trabajar y descansar. Hay necesidad hoy en día de que los obreros escogidos de Dios oigan el mandato de Cristo de apartarse y reposar un poco. Muchas vidas preciosas se han sacrificado, innecesariamente, por descuidar este mandato… Aunque la mies es mucha y los obreros pocos, nada se gana con sacrificar la salud y la vida…Hay muchos obreros débiles y gastados que se sienten profundamente desanimados cuando consideran lo que hay para hacer y cuan poco pueden realizar ellos. Cuanto anhelan tener mas fuerzas físicas para poder efectuar mas! Pero es a estos a quienes Jesús dice: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco”.